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☆ DC ‹ She Is The Night

ilye_aru in bambocciate

Título: Quédate en Madrid.
Fandom: Latin Hetalia.
Personajes/Parejas: Perú/Chile.
Clasificación: PG-13
Advertencias: Leve imaginaria sexual, lenguaje soez en algunos momentos; universo alternativo.
Comentarios: Escrito para la AU week en tumblr, en respuesta a un fic que Cucolla me regaló, un universo alternativo donde Miguel y Manuel son inmigrantes en España.
Sumario:  En dónde Miguel tiene un restaurante en Madrid y Manuel es tacaño.


Cinco.

El sonido del tren anuncia por primera vez que se acerca la hora de partir, avivando el movimiento entre la multitud, el invierno frío cayendo como una manta pesada sobre los colores de la estación, vapor escapando de cada palabra. A Manuel se le hace irónico, ver vapor por todas partes. Vapor saliendo del tren, vapor saliendo de la estufa de la cafetería. Vapor, mezclándose entre su aliento y el de Miguel, en un beso brusco y ansioso, más de lo que alguna vez podrían admitir. Miguel lo presiona contra su cuerpo, montones de capas de ropa separándolos para capear el frío. Manuel siente el agarre firme de sus manos sobre la cintura, el abrazo sofocante de Miguel. El calor se le va a las orejas de tan sólo pensar que un gesto tan íntimo está siendo presenciado por miles de ojos desconocidos en un lugar público.

—Miguel, suéltame ya —gruñe, sin siquiera intentar deshacer el abrazo, las manos de Miguel volviéndose más firme en sus caderas—. Ya va a salir mi tren.

Miguel frunce los labios, dirigiéndole una mirada indescifrable, la nariz ligeramente enrojecida por el frío y los ojos algo cristalinos. Por un momento, Manuel tiene la leve impresión de que está conteniendo las ganas de llorar.

(Pero eso es ridículo, ¿por qué habrían de llorar?)

—Aún tienes diez minutos, idiota —reclama Miguel, forzando una sonrisa. Con una mano en la nuca de Manuel, lo jala hacia él para besarlo de nuevo en los labios, aún más brusco que antes. Sus dientes lo lastiman un poco, y está consciente de que la gente cada vez los observa más. Sabe muy bien qué clase de miradas les dirigen.

A Miguel francamente no le importa. Y a Manuel, tan sólo por ese día, deja de importarle en lo que dura ese beso.

Al tiempo en que sus labios se separan, con una delicadeza que contrasta con la torpeza con la que se movían previamente, el calor del aliento del otro aún descansando en sus bocas, el tren vuelve a anunciar su pronta salida. Miguel cierra los ojos, tensando la mandíbula. Manuel no sabe si es de rabia o de frío, pero inclina la cabeza para rozar su nariz helada con la de él.

—Miguel, me tengo que ir —murmura bajísimo, como si fuese un secreto, las narices de ambos aún pegadas—. Te llamo llegando allá.

—¿Con qué dinero, viejo tacaño? —ríe Miguel, con un dejo de amargura que otros no habrían podido percibir, pero que a Manuel se le clava como una puñalada en ese momento—. Te vas porque se te dio la gana, Manuel.

—Es una buena oportunidad.

Esto —las manos temblorosas de Miguel lo apegan a su cuerpo y Manuel siente un calor profundo desde las entrañas—. Esto también es una buena oportunidad.

—Estás siendo egoísta.

—Y tú estás siendo un imbécil.

—No más que tú, Miguel —reclama, apretando los dientes—. No todos tenemos un papá rico que nos mantiene el negocio. Me tengo que ganar la plata.

—No tienes que ir a ganarte la plata a Alemania —gruñe Miguel—. Yo te ofrecí prestarte dinero mientras tratas de surgir. Oye, de hambre no nos vamos a morir.

—No quiero vivir de la plata de tu viejo.

—¡Oye, yo tengo mi propia manera de ganarme la vida! —sus dedos se clavan ahora en la cintura de Manuel, temblando de forma incontrolable—. ¿Sabes qué? Tú y tu maldito orgullo se pueden ir al carajo.

Manuel traga saliva, componiendo una expresión aparentemente serena. Se libra del abrazo (casi) asfixiante de Miguel, desviando la mirada hacia el gentío. Sus puños le tiemblan y sólo los abre para coger su pequeña maleta y acomodarse el morral. Tiene las mejillas rojas. De frío, de rabia.

—Chao, Miguel.

—Vete a la mierda.

Es eso exactamente lo que Manuel hace cuando sube al tren y voltea una vez más para mirarlo por última vez.

Miguel se ha perdido entre el gentío.
 

Uno.

—Migue, yo quiero, um —Martín coge el asiento de siempre, justo al lado de la puerta que da la cocina y se rasca la nuca pensativo, sin coger la carta—. ¿Tenés algo con carne?

Miguel alza una ceja.

—Hay como un millón de platos que se preparan con carne, Martín —responde, conteniendo las ganas de reír—. ¿Por qué no lees el menú y ya?

—No, qué pereza —sonríe Martín, tamborileando los dedos en el borde de la mesita—. Mejor dame lo de siempre.

—… Un día de esto te vas a morir de puro comer lomo a lo pobre tan seguido —ríe Miguel, anotando la orden y partiendo derechito a la cocina—. Bueno, al menos te vas a morir con la panza llena.

—Che, la barriga llena y el corazón contento —Martín responde a su volumen normal de voz, gesticulando con las manos. Es cliente de Miguel desde que abrió el restaurante, y llevan casi la misma cantidad de años viviendo en Madrid. Miguel llegó directo desde Lima luego de la muerte de su madre, asentándose con su padre español, un empresario agrícola adinerado. Martín llegó desde Argentina buscando fama en el espectáculo, consiguiendo hacerse de un nombre en la escena teatral madrileña.

Se amigaron desde el primer momento en que se escucharon hablar, sus voces atropellándose en un puesto de comida ambulante en el parque. Cuando se dieron cuenta de que eran diferentes, cuajaron de inmediato.

(Saben de sobra lo que son allí)

Miguel vuelve al rato con un plato contundente de comida y una botella de vino individual para su amigo. Aprovechando lo vacío que está el local, toma asiento junto a Martín y platica un poco con él mientras come.

—Me tiene podrido el boludo que vive en el piso arriba del mío —gesticula Martín con furia, la boca llena de comida—. Podrido, te juro. ¿Qué se ha creído? ¿Qué le tengo que andar aguantando que ponga samba a todo volumen durante todo el día? Le metería su academia de baile clandestina por el culo.

—Te vas a atragantar, Martín —resopla Miguel—. Y no quiero que me quiten la licencia, gracias, así que trata de respirar mientras comes.

—Che, yo te abro mi corazón y vos no me escuchás —responde Martín ofendido—. Sos igual al Luciano.

—¿Quién es Luciano?

—El boludo del que te estoy hablando —traga despacio, entornando los ojos. Miguel abre la boca para disculparse por no haber prestado atención (¡En serio se había distraído con la preocupación de que Martín no se atragantase y le hundiese el negocio con su muerte!) y la cierra de inmediato cuando nota quién está sentado en la mesa del fondo.

Oh —arruga la nariz, la mirada fija en el sujeto—. Ya llegó ese.

Martín fija la mirada en el mismo punto, sin ningún disimulo o discreción. Prácticamente mira al tipo con ojos de lechuza, provocando que aquella persona voltee hacia ellos con cara de malas pulgas.

—¿Y ese quién es? —pregunta Martín, clavando el tenedor en un jugoso trozo de carne.

—No tengo idea —Miguel se encoge de hombros—. Viene todas las tardes y lo único que consume es un té y un par de galletas. Tengo teorías.

—¿Cuáles?

—Es un loco perteneciente a una secta dónde tienen que matarse de hambre.

A la distancia, el sujeto frunce el ceño y vuelve a fijar la mirada en el montón de papeles que tiene sobre la mesa. Miguel se siente algo culpable, figurándose que el tipo ya ha captado que hablan de él. Con un ademán de la mano, se excusa amablemente con Martín y se acerca a la mesa de su otro cliente. Toma asiento junto a él, esbozando su mejor sonrisa.

—Hola.

—Hmm.

Miguel frunce el ceño. Vale, el sujeto misterioso se comunica como cavernícola. Tendrá que convencerse a sí mismo de que a la gente hay que aceptarla cómo es, con deficiencias lingüísticas y todo incluido.

—¿Cómo te llamas?

—¿Por qué quieres saber? —gruñe el extraño, levantando la mirada con el ceño fruncido. A lo lejos, Martín no deja de mirarlos mientras mastica su comida.

—Por curiosidad —responde Miguel, su sonrisa aún vigente en el rostro—. Ya va un mes que te veo viniendo por acá y me gustaría saber. Me gusta conocer a mis clientes.

El extraño lo mira algo escéptico durante varios minutos, sus labios fruncidos indicándole a Miguel que no tiene muchas ganas de conversar. Él suspira, algo desilusionado y piensa en ponerse de pie y tirar la toalla.

—Me llamo José Manuel —responde al fin, para sorpresa de Miguel—. Manuel, por lo general.

—Gusto en conocerte, Manuel —sonríe Miguel entusiasmado, dejando pasar unos minutos para que Manuel le pregunte su nombre. No lo hace.

Al fondo, Martín carraspea.

Miguel tensa la sonrisa, sintiendo una venita palpitarle.

—Me llamo Miguel, por si acaso.

—Ya —responde Manuel, alzando una ceja. Inmediatamente, vuelve a concentrarse en sus textos y sus apuntes, anotando furiosamente en su libreta a la par que revisa el grueso libro que tiene acomodado sobre la mesa.

—¿Qué estudias? —pregunta Miguel, estirando el cuello para tratar de leer algo. Manuel cubre los apuntes con una mano y lo mira enfurruñado.

—Literatura —gruñe—. Ahora vete, no me puedo concentrar.

Miguel se queda pasmado de la impresión durante un instante breve y luego enrojece de cólera. Nunca en su vida se había enfadado tanto.

Tiempo después, no recordaría muy bien cómo empezó la discusión. No recordaría las cosas que Manuel y él se gritaron ni cómo y en qué momento Martín tuvo que llegar a separarlos. No recordaría con claridad qué insultos utilizaron.

Pero tendría una clara imagen en su mente de las mejillas coloradas de Manuel y el brillo en sus ojos oscuros, el fervor colérico de aquella primera interacción.

Manuel volvería, una y otra vez. Fijo en la misma mesa, entre papeles. Fijo con la taza de té en la mano. Fijo con los ojos oscuros y el ceño fruncido, fijo con su aire arisco. Siempre dispuesto a discutirle a Miguel.

Les nace una rutina.
 

Dos.

En los días duros, Miguel tiene una clientela tan amplia que a veces siente que no da abasto para tanto. No tiene mucho personal en su restaurante, y sus recursos son limitados porque no puede darse el lujo de abusar de la fortuna de su padre. (Aunque a veces quisiera aprovechar eso un poco.)

En los días duros, Miguel cierra a una hora obscena, completamente agotado, y tiene que darse el horrible trabajo de limpiar todo una vez que el local está vacío. Suspira derrotado, abrazando la escoba y apoyando el mentón en el mango, mirando con ojos lastimero el desorden de sillas, mesas y ceniceros. Cuando ya está dispuesto a realmente ponerse a trabajar, oye un golpeteo en la letrina. Curioso, deja la escoba a un lado y se acerca a abrir.

—Parece que estás ocupado —observa Manuel, mirando el desastre a espaldas de Miguel. Usa un abrigo negro y un sweater de cuello de tortuga debajo. Luce tan delgado como siempre, con la postura encogida como si estuviese en un perpetuo estado de frío. Hace un año ya que se conocen, porque Manuel no ha dejado de venir al restaurante de Miguel. La mayor parte del tiempo sólo discuten por estupideces, es como si jamás pudiesen entablar una conversación decente y tranquila sin acabar escalándola a una pelea. Hay momentos en los que Miguel lo prefiere así, en que siente que sus discusiones con Manuel son la diversión de la tarde. En otras ocasiones sólo se siente hastiado y se pregunta qué rayos son, qué relación tiene con ese estudiante universitario al que ha acabado metiéndole comida a fuerza en la boca y que, a cambio, le ha agradecido a regañadientes y ayudado a cuadrar las cuentas del negocio. (Porque Miguel nunca ha sido ningún as de las matemáticas.)

—Estoy ocupado —suspira Miguel, dejando caer los hombros—. Tengo un montón de cosas que limpiar, hoy se llenó de gente. Mi bolsillo no se queja, eh, pero la espalda no me da más.

Manuel entorna los ojos, abriéndose paso a un lado de él y entrando sin que Miguel haya atinado a invitarlo primero. Chasquea la lengua al contemplar el desorden y coge la escoba.

Miguel lo mira confundido.

—¿Qué haces aquí, Manuel?

—Se supone que hoy día me ibas a pasar tus recibos y yo te iba ayudar a diseñar un presupuesto —responde Manuel, sin mirarlo mientras comienza a barrer—. ¿Recuerdas?

—La verdad no —Miguel se rasca la cabeza avergonzado, cerrando la puerta tras de sí. Coge otra escoba de inmediato para ayudar a Manuel—. ¿No tienes examen mañana?

—Estudiaré luego —Manuel se encoge de hombros, mirando disimuladamente a otro lado para que Miguel no note el color de sus mejillas—. Está re fácil.

—Bah, sólo estás presumiendo —bufa Miguel—. Te crees mucho porque estás en la universidad.

Manuel se detiene en seco, cruzándose de brazos.

—No me creo nada —lo mira con seriedad—. Y si no te callas, me largo de aquí y no te ayudo a limpiar ni a cuadrar ninguna de tus cosas.

Miguel se muerde el labio inmediatamente, percatándose (por el lenguaje corporal de Manuel) de que ha alcanzado un nervio algo sensible. Se sonroja, avergonzado, preguntándose a sí mismo cómo se retractará de sus palabras.

Poco a poco, su rostro se ilumina. Acaba sonriendo con los ojos fijos en la espalda de Manuel.

Ya tiene una idea.

(Esa noche cocina para dos.)

 
Tres.

—¿Qué se supone qué hacemos aquí? —bufa Manuel, cruzado de brazos y piernas, sentado en una vieja banca en plena plaza. A su lado, Miguel pone una bolsa de migajas en su mano y le palmotea el hombro amistosamente.

—Te enseño a desestresarte —sonríe Miguel triunfante, comenzando a lanzarle migajas a las palomas—. Con todo ese lío de tus exámenes pareciera que en cualquier momento te va a dar un derrame, o algo así. Relájate.

—Yo no necesito relajarme, Miguel, necesito concentrarme —resopla, sacando migajas de mala gana y aventándolas sin ánimo a las palomas, que comienzan a reunirse ansiosas alrededor de los dos—. No puedo darme el lujo de reprobar.

—No vas a hacerlo, eres un puto genio de las letras —rezonga Miguel, entornando los ojos ante la incapacidad de su amigo para soltarse apenas un poco. Se quedan en silencio, cómodos con el sol de la tarde cubriéndole las espaldas y el sonido del viento sacudiendo las copas de los árboles. A momentos, algunas personas pasan y les dirigen miradas que se sienten como un leve ladrillo en el estómago.

Miguel jamás las capta.

Manuel responde a ellas con desdén.

(Sudacas, son, hijos de países sangrantes y de cunas violentas. Sudacas, hijos de la generación de los 80’s, niños que huyeron del seno materno de la patria en busca de oportunidades. Inmigrantes, en un país que apenas comienza a limpiarse las manchas de sangre.)

—¿No extrañas tu país, a veces? —Miguel interrumpe el silencio, enderezándose para estirarse como gato perezoso luego de la siesta, su mirada nostálgica sobre Manuel—. A veces echo horrores de menos a Lima. No sé, el cielo gris, los colores, la gente, la comida, las canciones… todo, creo.

—Santiago no es muy diferente a Madrid —Manuel se encoge de hombros, observando de reojo como Miguel se encoge algo decepcionado con la respuesta. Arruga la nariz durante un instante, y respira profundo, relajándose de nuevo.

—Pero echo de menos hartas cosas, las canciones… las palabras y eso —juega con sus manos mientras piensa, contemplando a las palomas picar—. La poesía de las calles.

Miguel ríe, como un cascabel, con un brillo especial en los ojos.

—Sólo tú puedes soltar ese tipo de cosas con cara de haber chupado un limón, Manuel —ríe, ríe y ríe, sosteniendo la mano de Manuel entre las suyas, ahuyentando a las palomas con su escándalo. Manuel frunce el ceño, sintiendo que Miguel sólo quiere fastidiarlo.

Lo calla con un beso violento en los labios.

 
Cuatro.

El departamento de Miguel se encuentra justo sobre el restaurante y es su padre quién se encarga de pagar la renta, al menos por un tiempo. Suben con prisa, luego de una noche entre licores, risas y música latina en el piso de abajo. Los amigos se fueron, nostálgicos luego de una reunión con sabor a casa, agradeciéndole a Miguel la oportunidad de recordar su hogar. Y cuando la cortina cae, Miguel coge a Manuel de la mano y lo arrastra escaleras arriba, acorralándolo contra la puerta de entrada, respirando agitado ante la sensación de los dedos de Manuel clavándose en sus nalgas, de su cuerpo delgado presionándose contra el de él. Miguel extiende una mano para abrir la puerta con torpeza, se deja caer como costal de papas junto a Manuel sobre la alfombra.

Lo recorre completamente con las manos, cierra los ojos y suspira ante el dolor que le provoca la forma en que Manuel le araña la espalda, en que lo abraza con las piernas. Miguel le muerde el cuello con rabia que no sabe a rabia, le hiere las caderas con un ímpetu que no es para causar ningún daño. La ropa se la quitan con violencia, olvidando que mañana tendrán que remendarla porque ninguno posee muchas prendas. Se distraen con la fricción entre sus cuerpos. Miguel titila entre lo consciente y lo subconsciente, sumergido en el calor de Manuel. Dentro de él es como estar en casa.

Las uñas de Manuel le trazan carreteras en su espalda. Y cuando acaban, en un desastre cálido y pegajoso, en un enredo de extremidades y sudor, caminan hacia la cama de Miguel en silencio, como si cualquier palabra pudiese romper el encanto de aquella conexión que han conseguido forjar con el cuerpo. Manuel se echa boca abajo sobre la cama y cierra los ojos, exhausto. En otra ocasión el pudor le habría ganado y se habría cubierto de inmediato con las mantas, pero no esta vez. Miguel se echa junto a él, sonriendo como niño. Le acaricia la espalda, deteniéndose en el nido de pecas que tiene de hombro a hombro. Las une, jugando a trazar constelaciones con los dedos, ignorando los quejidos de Manuel.

Miguel contiene las ganas de hablar, de decir cualquier cosa. Está en su naturaleza escupir mil palabras por segundo, de dirigirle la palabra a la primera persona que se cruce en su camino. Ha narrado su vida a taxistas, empleadas y oficiales de policía. Le ha contado a Manuel todos sus secretos, sólo para poder ir obteniendo los suyos de a poco. Pero allí, en la penumbra tibia de su habitación, no se atreve a decir nada aún. No quiere decir nada aún.

Sólo reposa, tranquilo y satisfecho, descansando su mejilla en la almohada, los ojos fijos en el rostro relajado de Manuel. Miguel detiene una mano, moviéndola hacia su rostro para rozarle una mejilla. Se acerca para besarlo en los labios. Apenas un roce de unos segundos.

Manuel abre los ojos.

—Me han ofrecido trabajo en Alemania.

Eso era todo lo que bastaba para que volviera el frío.


Seis.

Miguel vuelve de la estación dando zancadas y patea el tarro de la basura con rabia, justo afuera de su casa. Estrella el puño en un muro, arrepintiéndose de inmediato al sentir el dolor en sus nudillos heridos, puteando en voz baja.

No quiere llorar.

No va a llorar.

No puede llorar.

Cansado, se sienta en la acera frente a la puerta de su restaurante. Maldice con rabia; maldice a Manuel por irse, maldice a Madrid por ser ella. Maldice a Lima por estar tan lejos, maldice la soledad que le ha significado vivir en un país completamente distinto. Vuelve a maldecir a Manuel, una y otra vez, ocultando la cabeza entre sus manos, ardiendo en cólera y pena.

Siente unos pasos, pero los ignora. Alguien se para frente a él.

Maldigo el vocablo amor y toda su porquería —recita Manuel, ahora de pie frente a él, con la misma maleta y el mismo morral que cargaba en la estación—, ¿cuánto será mi dolor?

Miguel tiene que palmotearse los oídos y refregarse los ojos, una vez que levanta la mirada y se encuentra con él. Abre la boca para decir algo, para reclamarle, para mandarlo a la mierda. Pero las palabras no salen.

—Estás haciendo drama innecesario en un espacio público —gruñe Manuel—. Ahora quítate de allí y ayúdame con esto, ¿quieres? Me muero de hambre.

Miguel siente una opresión cálida en el pecho.

—Hoy pensaba hacer aritos de merluza para la cena —sonríe tentativamente, poniéndose de pie. Las manos en los bolsillos, se para bien erguido frente a Miguel—. Si no te gusta pues, lo siento, no se me da la gana cambiar el menú.

Manuel esboza una sonrisa suave, sus labios curvándose apenas hacia arriba.

—No seas idiota y ya éntrate.

Miguel sonríe, más contento que nunca. Coge la maleta de Manuel sólo para burlarse de él y le abre la puerta. Manuel le dedica una mirada cómplice antes de entrar.

Miguel no necesita más explicaciones que esa.

-

Con la nariz entre tus ojos
Y entre un pulmon y otro pulmón,
El corazon y los congojos
Todos en reunion.

Con tus orejas en las manos
Voy ense andole a Van Gogh;
Como mejora el resultado,
Cuando lo hacen dos.

Siempre los cariñitos
Me han parecido una mariconez,
Y ahora hablo contigo
En diminutivo
Con nombres de pastel.

Y aunque intente guardar la ropa
Al mismo tiempo que nadar,
Me he resignado a ir en pelotas
Mientras dure el mar.

Yo que de estas estampas
Me limitaba a hacer colección,
Me hago un llavero
Con el fichero,
Con una condicion...
El dia que tengas ojos rojos
Y me estornude la nariz,
Vamos a hacer lo que podamos
Por cenar perdiz...
¡Quédate en Madrid!



Comments

O_O

¿Por qué no hay comentarios? ¿O es que no me salen? Esto es rarísimo.

Bueno, Kasi. ¿Qué decirte? Si como los escribes siempre me ha gustado mucho, pero en esta ocasión el tocar el tema Madrid me ha tocado una fibra bastante sensible, así que mi gusto ha sido más.

Dios, si yo ya estaba mal cuando leí que Manuel se iba, pero luego recordé. Un momento, acá faltan cosas, y me enganchaste. Las situaciones las puedo imaginar completamente, las reacciones también.

Me encantó que hayas puesto a Luciano y Martín allí. Me dio muchísima risa lo de "Le metería su academia de baile clandestina por el culo"

Y el final, pues me mató. Es una dulzura Kasi. En serio, gracias por el fic.

Sobre lo de los sudacas, estuve hace unos años en España. Y esto me pasó a mí, pero de todas las ciudades que visité en la única que me trataron como tal, con esa mirada despectiva e incluso mal trato fue allí. En el resto, solo era una viajera nada más. Random comments nada más.

Como dije, me encantó *___*. Más AU.
... Es que no hay comentarios. Supongo que idk, están todos muy ocupados para comentar. No siempre se puede esperar una GRAN RECEPCIÓN, I guess, además ya me estoy acostumbrando a eso 8'D.

PERO LUNI, tu comentario es el único, sí, pero pucha que es lindo. No tenía idea que te tocaría una fibra sensible, pero si eso de alguna manera te conforto, me hace feliz saberlo. La verdad es que yo nunca he estado fuera de Sudamérica, pero he leído y escuchado muchas historias sobre la discriminación que sufren los inmigrantes latinos en España. ¿Irónicos, no? El mismo idioma y es el país europeo que a veces peor nos trata (no toda la gente es así, obvio, pero es que allá se ven muchos casos.)

Y quise que eso se reflejase aquí, porque el AU es sobre ellos siendo inmigrantes. Y sobre cómo eso acabó siendo un factor de unidad entre ambos. IDK, me gusta mucho jugar con su conexión.

Gracias por comentar, Luni, eres re linda <3
You tore my heart apart with the very beginning, and then piece by piece put it back together. The order in which you tell the story works really well; it draws our focus to the emotions without us needing to understand the plot.

And the theme of expats is dear to me. Combined I've spent about a year and a half studying abroad, and I can attest to the strength of the bond between foreigners trying to fit into another culture. It's like, even if you don't share the same experiences, you still get each other. Ok, I'm terrible at explaining this, but you wrote it wonderfully. So, so much love for this fic!

Thank you! I first I didn't know how the hell I was going to organize the pieces, because if I did it from ending to beginning then I was going to spoil the story. So I pulled a FUCK DAH POLICE. And I'm impressed at how much you got from the story, you must be amazingly smart to rock at Spanish so fast *n* /MY HERO.

THANK YOU, MELICAKES, YOU ARE AMAZING <3
OMG you did it. Ahora mi vida est� completa, aunque no es bien lo que me imaginaba te quedo excelente y retrata todo eso de tomar decisiones y la actitud frente a la vida creo, tambien como evocas los lugares como la estación. Me gusta la relacion que tiene Miguel con el dinero de su padre lo veo muy bien tienendo esas dudas. Y la decision de Manuel esas cosas que nunca son faciles.

Y Martin como artista de teatro es win, es el destino del argentino en mi headcanon el era la version teatro de Penny de The big bang theory: starving waiter and aspiring artist. Y obviamente, una academia clandestina de baile latino dirigida por Luciano, XDDDDD era necesario.

Yo pase tres a�os en Espa�a asi que eso de que nos tratan peor, no te sabria decir, si hay discriminacion, eso de las miradas tan verdadero pero no nos tratan ni remotamente tan mal como a los "moros" (magrebies) y a los chinos.Al menos es mi opinion.Y los gitanos OTL. Pero ese no es el tema.

Tambien la union entre latinos, tan real esas comunidades de amigos que se ayudan a vivir creo que es verdad en todos lados, aqui tambien pasa mucho. En donde vivia siempre se reunian los latinos jovenes y mas viejos y tenian asociaciones y tal (Digo, por lo que he observado porque soy un forever alone)

La canción si la conocia, es bonita aunque no me guste mucho esa etapa metaforica dulzona de Mecano esa se salva.

Oh y por ultimo el parque con las palomas. Genial, gracias.
SIENTO SI NO ERA COMO TE LO IMAGINABAS. Pero tengo el cerebro estacionado en otra galaxia y me perdí un poquito :|, entonces cómo que... eché a volar la imaginación y salió ESTO. Y creo que no lo expliqué muy bien, pero está ambientado en la década de los 80's, que es una época donde hubo una ola bien fuerte de discriminación. Creo que en todos lados habrá gente que reciba bien a los inmigrantes y gente que no, eso lo sabemos bien, ocurre también dentro de Latinoamérica. Pero la gente que vive en el extranjero siempre se va a apegar a los demás, tienen un lazo especial. La nostalgia es un pegamento muy bueno.

Y Martín es tan DRAMA QUEEN y gordo guapo que creí que la escena bohemia teatral le venía como ANILLO AL DEDO. Y si menciono a Martín, no puedo evitar mencionar a Luciano 8DDD.

(Pfft, a mí me gusta harto ese periódo metáforico dulzón de Mecano. Eran las canciones que más oía de niña y las letras plagadas de metáforas escritas por los Cano son una de las cosas que más han influenciado mi estilo, curiosamente. SOY UN MONSTRUO.)

Gracias por leer y comentar <3
XDDDD me di cuenta que era en esa epoca, por los trenes a vapor que ahora serían muy dificiles de encontrar en cualquiers parte que no sea Bolivia y also el trabajo en Alemania.

Eso si el racismo depende osea yo quizas pensaba mas en esta epoca por los ecuatorianos que llegaron recientemente y la crisis argentina porque al comienzo el AU se enfocaba en los andinos y Martin, Julio sobretodo, (Y en AngolaxBrasil y la sensual Cabo Verde y anticastrista!Vicente ok, ya paro ya...) y luego los personajes comenzaron a aparecer. Con pairing CRACK.

Pero tu version me encanta y quiero escribir mas con tu AU. Años 80 tambien porque eso de la movida me mata.

Y no yo soy mas del Mecano pseudo social de despues y de las historios a lo Stereosexual pero tambien me influenciaron. Gracias por escribir esta genial

(Also tu que estas en ese submundo tumblristicos como le pido permiso a Zu para escribir un poquito de Card Captor Sakura!Julio)
AAAAAAAAAAH THIS IS SO BEAUTIFUL KASITA ;3;

It's so sad and painful and GORGEOUS. And I love how real it feels - the pain of immigration and the problems they have to face and all, and how... subtle it is, but it's there, and it's awesome.

and our people having to go through this in real life hurts my SOUL sob

BUT ANYWAY. Manu and Miguel are awesome. I want to hug them forever. And I want to give Manu awesome things to make him smile, the poor baby. Their romance is so beautiful and sweet ;3;

(and Tincho and Luci are awesome, I think you should write about them. Or maybe I will. I DON'T EVEN KNOW. THIS WAS INSPIRING)
THANK YOU, BERINJELA. For a moment I worried and I thought that almost no one had liked it sdklfnskjdbh why am I so insecure. I thought it was too patchy and too long and too... thick and one would read it and stuff, orz.

I want to hug them both, MY BABIES. AND YEEEES, PLEASE WRITE SOMETHING. I was going to do an extra with them and Luci and Tincho, and you could write something too. It'd made me very happy because you know I love your fics lots and lots <3

(I'm glad you liked the ROMANCE I was afraid it'd come out a little bit corny.)
Llevo como mil días releyendo este fic y quedándome sin habla pero con un notorio nudo en la garganta. Quiero dejar algo más coherente que un keysmash, pero. I just. Esto me puede, ¿vale? La elección musical, el ambiente, oh god son dos inmigrantes en Madrir y oh god las caracterizaciones. Y el amor. El amor es maravilloso, I just. *te flailea encima*

Amo este fic con el alma, ¿vale? [/aporte]
Great writing! I want you to follow up to this topic!?!

Very intereresting reading. thx